Hogar, sexo y literatura.Siempre he pensado que si tuviese que definir los tres pilares sobre los que se debe sustentar una relación de pareja habría dicho que son esos tres.
Incluso el orden por el que los he colocado. Hogar, sexo y literatura.
Yo he tenido tres relaciones serias, con cada una de ellas, curiosamente, compartí parcelas diferentes.
Con la primera disfrute del sexo y la literatura.
Con la segunda disfruté del hogar y de la literatura.
Con la tercera conocí las tres cosas.
Por un breve periodo de tiempo -un verano- un corto pero intenso periodo, disfrute del hogar, del sexo y de la literatura. Aquel hombre me llegó a ilusionar de tal manera que pensé que era el hombre de mi vida, que como una noche le decía mientras regresábamos de mi trabajo hacia su casa “Eres tú”.
Son de esas certezas que sólo se tiene una vez en la vida. Me parecía que con él había encontrado todo aquello que yo necesitaba para ser feliz y sentirme plenamente mujer. Un hombre culto, atractivo, educadísimo, exquisito, inteligente, hogareño, divertido, sensible, buen amante,…..vamos todo. (o casi todo).
Con él pude compartir las tres cosas que antes siempre había disfrutado de manera parcial. Con uno disfrute mucho del sexo y de la complicidad cultural, intelectual, social. Pero nos faltaba la libertad para poder construir juntos un espacio común un hogar…..y eso al final tiene fecha de caducidad.
Con el otro, disfruté menos del sexo pero a cambio compartíamos el calor de un hogar, de una familia. Desde casi el principio de conocernos me tocó integrarme en su familia y lo hice encantada. Me gustaba cuidar a su padre y pasar con él los fines de semana. Hacer vida doméstica. Nunca olvidaré la primera imagen que me quedó de su casa: una habitación llena de estanterías con libros por todas partes. Y esa misma noche compartirla en la cama sin hacer otra cosa que hablar de libros, cine, literatura, música,…. Tal vez aquello también tenía los días contados porque faltaba un tercer pilar.
Finalmente apareció esta otra persona con quien parecía que los había encontrado. No bastaron diez minutos, a los dos, para saber que necesitábamos volver a vernos al día siguiente y al otro y al otro y así el resto de nuestros días….. En pocos días nuestra vida cambió. Me recogía al salir del trabajo, por la tarde, íbamos a su casa, a veces yo trabajaba mientras el hacía la cena y por las noches nos daban las tantas en la cama. Así hasta que por la mañana desayunábamos y me acercaba al trabajo.
Pero como la felicidad nunca puede ser un estado permanente, un día me dijo que todo tenía que terminar. Su grave situación económica, social, y profesional, le impidieron continuar. Para un hombre -al día de hoy- le resulta muy difícil , casi humillante, encontrarse en una situación de completa inferioridad económica, social y profesional con respecto a la mujer.
Especialmente, no es lo mismo cuando a lo largo de la trayectoria de la pareja ya consolidada, hay momentos en los que uno puede estar mejor que el otro.
Pero en este caso el consideró que no podía darme lo que, seguramente hubiese deseado… No me dejó opción a que yo le dijese aquello de “todo lo mío es para los dos , nos adaptaremos a lo que tengamos”… Tampoco era cuestión de añadir más dolor a una situación tan triste…
Creo que con su pérdida me quedé rota por dentro de una manera definitiva;
sintiendo que en mi corazón ya sólo habría algo helado como un cubito de hielo…
…pasó un tiempo y……
… el destino me puso delante a un hombre encantador, un señor educado, exquisito, serio, responsable, muy comprensivo, que me escucha, me acepta, me respeta en mi trabajo, que me admira, que esta muy ilusionado conmigo.
Un hombre que me ayuda, por primera vez siento que tengo alguien cerca para lo bueno y para lo malo. A quien le oigo hacer planes sobre nosotros. Con quien voy compartiendo el día a día.
Un hombre con quien tengo el hogar y el sexo. Me falta la literatura, me falta la complicidad de las palabras, del lenguaje, de la sonrisa cómplice, de las inquietudes culturales – ojo, no digo que no las tenga, sólo que son diferentes: él juega al golf y yo leo, él disfruta con los restaurantes de lujo y yo con las cervecitas comentando una pelicula -
Pero a estas alturas de mi vida, empiezo a estar muy cansada, algo defraudada, triste, escéptica… especialmente en cuanto a “tenerlo todo” en una misma persona.
Debo asumir que esto que tengo, es de lo mejor que he encontrado en mi vida. En las otras relaciones yo quise, amé y sufrí mucho; ahora me toca dejarme querer… Tampoco se pasa tan mal.
A veces pienso que si faltándome ese pilar… la relación se puede mantener en el tiempo (es algo que necesito tener claro para no hacer sufrir a este hombre que es tan maravilloso conmigo). Honestamente, creo que la respuesta es: ¡¡¡¡Síiiiiii!!!!. Es afirmativa.
Si ha de faltar un pilar, posiblemente, éste, sea el más sencillo de sustituir y de equilibrar sin grandes riesgos.
No era lo mismo cuando me faltó el hogar, pues esa relación por si misma nunca habría podido avanzar hasta construir una convivencia, una familia.
Tampoco lo fue cuando me falto el sexo, pues eso es algo que a la larga pasa factura y no es viable buscarlo fuera de la pareja. Es el comienzo del fin de la misma.
Sin embargo ahora, el pilar que me falta es el más sencillo de complementar.
A cambio de esa ausencia tengo una persona que me aporta mucho equilibrio, ningún miedo, ninguna ansiedad, no estoy al borde del precipicio de la angustia que me produjo alguna relación…
Ya no quiero confundir y llamar pasión al sufrimiento…
Ahora me hacen sentirme segura, confiada, protegida, arropada, entendida, sé que puedo hablarle y contarle todas mis vivencias sin temor a que se escandalice; al contrario, sé que si algún día necesitase algo “especial” me dejaría volar para ir a buscarlo…
Me hace sentirme como una princesita, me colma de regalos, de atenciones, siempre esta dispuesto a ayudarme, a servirme, le he devuelto la ilusión, las energías y las ganas de vivir y él esta completamente enamorado de mi.
Y yo, que tanto he sufrido, sé que a su lado nada malo me va a pasar. Que la vida no son lo sueños que idealizamos, sino la realidad de lo que tenemos y ahora disfruto con esta nueva forma de vivir y de sentirme querida.
Lástima que las circunstancias de aquella otra persona fuera la que era y que nos impidiera continuar la relación. Creo que podría haber sido muy feliz. O tal vez no, porque aquel hombre carecía de cierta ambición y eso a la larga me hubiese hecho sentir que faltaba algo…
Lo mismo puedo decir de este con quien no comparto literatura, sin embargo ha compartido otras cosas que para mi también son importantes y que hacen la vida muy agradable.
Este hombre me ofrece cierta calidad de vida que recibo encantada. Cada día aparece con un regalo, un restaurante estupendo, hoteles encantadores… (Me duele cuando le veo dejarse en un bolso de marca el sueldo de algún mil-eurista).
Pero eso es algo que a toda mujer le encanta.
Por primera vez estoy serena, centrada en mi trabajo, en mi familia, en la suya (Que por supuesto la conozco a toda y me adoran). Sólo quiero cuidarme, que me cuiden, que se preocupen de mi y disfrutar… que ya me lo voy teniendo merecido.
No me digáis que siempre sentiré una ausencia, que siempre sentiré que me falta algo. A veces las personas, y especialmente las mujeres, nos pasamos la vida sufriendo y añorando lo que nos falta en vez de disfrutar de lo mucho que tenemos.
Esas ausencias son como las de los seres queridos, que vamos perdiendo a lo largo de la vida. Lo importante es tener alguien con quien compartir esos vacíos que esas personas nos van dejando y ayudarnos a ir encontrado apoyo, seguridad, cariño, ternura, confianza, libertad para hablar sin miedo. Y yo lo tengo. Se que él me ayudará a ir “archivando” los recuerdos en el baúl de la memoria. Y eso es una suerte.
No es fácil encontrar un hombre que profesionalmente no se sienta incómodo y con esta persona incluso eso lo tengo. (Estas vacaciones me he quedado para trabajar mientras él esta en la casita de la playa).
Son demasiados valores como para dejarlos pasar por alto. Y más con lo que hay por ahí fuera. Pues menudo está el patio.
Ahora soy yo quien no vive angustiada mirando el móvil, desesperada por tener un mail, preocupada si no me llaman… temerosa de dónde estará… ahora vivo tranquila y empezando a pensar en mí. Y esta persona me ayuda a que ese sea posible.
Gracias a esta persona…
Comentarios recientes